martes, 1 de diciembre de 2015

Literatura Infantil y Juvenil y desarrollo emocional

El otro día indagando un poco en la literatura infantil y juvenil encontré un artículo que me llamó la atención, ¿podemos promover el desarrollo emocional y afectivo con los cuentos?lo que me llevó a plantearme, si sí es posible, ¿qué papel tienen los maestros?

Es evidente que cuando leemos un cuento, éste se desarrolla en un determinado contexto social y aparecen una serie de relaciones interpersonales, por tanto aparecen emociones asociadas a las distintas situaciones. Todo esto hace que la literatura pueda ser una herramienta para la educación emocional, aunque una obra en concreto no esté específicamente escrita con tal fin.  Esta es la base del artículo de Enrique Riquelme y Felipe Minuta.

Recientemente se considera importante el trabajo de las habilidades sociales y emocionales  en el aula, sobre todo en los años escolares y preescolares. Decimos recientemente porque tradicionalmente el proceso de enseñanza.aprendizaje se ha caracterizado por centrarse en la dimensión cognitiva, tratándose de forma separada y desplazando a la dimensión emocional.
Muchas de las propuestas realizadas llevan el riesgo de que acabemos etiquetando a los niños como “buenos” y “malos”, y por tanto llevando a la exclusión de los segundos. Por ello estos autores reflexionan sobre una propuesta de desarrollo de habilidades socioemocionales que nos lleven al entendimiento de las emociones de uno mismo y también de las de los demás, para ello se basan en el uso de la literatura infantil.

Esta defensa de la literatura infantil se basa en que en las historias verosímiles el niño ve las reacciones, sentimientos, emociones de los personajes, así como las situaciones que llevan a ellas, estas situaciones pueden ser similares a alguna que haya.  Así este aprendizaje se hace de manera natural, no forzada.

Si le damos tal papel a la literatura es importante la figura del mediador, aquel adulto que acerca la lectura al niño. Una de las estrategias más útiles es el “cuenta cuentos”, narrar una historia en voz alta, en este caso para uno o más niños. Cuando narramos, tenemos que conectar la historia con el que la escucha, para ello en cuenta cuentos tiene que ser capaz de transmitir los sentimientos y pensamientos de los personajes (jugando con la entonación, expresión facial, gestos…), esta sería la lectura mediada. La lectura mediada facilita al niño empatizar con los personajes, algo clave en la alfabetización emocional.

Por último los dos autores quieren matizar algunos puntos de esta formación emocional y afectiva, esta se puede realizar desde la literatura, pero también se debe conseguir un buen ambiente en el aula o la inclusión de las familias. Algunos autores hablan de cuentos para enseñar una emoción especifica, pero la realidad es que por las características de una historia (connotación, carácter polisémico…) no sabemos si es posible enseñar de esta manera. Cuando usamos la lectura mediada con tal fin, no sólo importa el relato en sí, también la interpretación que haga el mediador del mismo, como es contado.


En mi opinión, nosotros, como futuros docentes, seremos los mediadores de muchos relatos. Como hemos visto los niños aprenden de esos relatos. Podemos deducir entonces cómo de importante es contar la historia, ay que ser capaz de conectarla a nuestro público, pero ya no solo cómo se cuenta, es primordial lo que se cuenta. Pienso que tenemos que ser juy cautelosos a l ahora de elegir qué libros mandamos leer o qué historias decidimos contar (en general con cualquier contenido que queramos que sea expuesto a los niños) porque nuestros alumnos están aprendiendo de ellos. Va a resultar que escoger un cuento no es tan fácil.

Aquí tenéis el enlace para poder leer el artículo completo:

Carmen López Pinós

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