domingo, 6 de diciembre de 2015

Literatura Infantil en España

Casi todos los autores que más me suenan de literatura infantil no son españoles, así que me propuse investigar un poco más sobre la literatura infantil en España.

La literatura infantil en España ha ido evolucionando hasta alcanzar un gran nivel, pero esta evolución ha estado marcada por distintos parones. Es cierto que no tiene una tradición muy rica. Hasta hace relativamente poco no se ha configurado como una producción reconocida, estable y sólida.


Ya a finales del siglo XIX se inició el verdadero proceso de desarrollo de esta literatura. Destacan el Padre Coloma y Fernán Caballero, junto a los cuentos y narraciones europeas. Al final de este siglo hay un aumento de la sensibilidad burguesa, reflejo de ésta es la creación de editoriales como Saturnino Calleja, que promueve publicaciones para la infancia. Las obras responden, en esta época, a una concepción idealizada del mundo infantil, son vistas bajo un prisma burgués y conservador y se amparan en los modelos educativos decimonónicos, proliferando los prototipos virtuosos.

En el siglo XX empieza a haber más obras recreativas, no solo instructivas, aunque la moral, la religión y la conducta social aparecen en abundancia. Esta literatura es claramente diferente si va dirigida a niños o a niñas. Algunos autores son Manuel Abril, Antonio Robles o Mª Teresa León.

Los años 20 se caracterizan por la aparición de obras basadas en la realidad, los protagonistas son niños. Se van creando más editoriales que publican este tipo de obras.

La Guerra Civil supone una ruptura en el desarrollo de esta literatura, además la postguerra frustrará definitivamente las posibilidades más innovadoras que ofrecían las creaciones dedicadas a la infancia y a la juventud. Supondrá también el definitivo alejamiento de España del proceso de desarrollo que seguirá el libro infantil y juvenil en Europa.

La literatura infantil en la postguerra española estará marcada por: la ruptura con los valores emergentes, con las políticas culturales y educativas; la exaltación de valores humanos y espirituales; el exilio de muchos escritores; la censura, vigente de 1936 a 1978 y a prohibición, hasta 1962, de publicar en cualquier lengua distinta de la oficial.

A partir de 1945, con el final de la II Guerra Mundial, la literatura infantil europea sufrirá un profundo cambio. Aparecen nuevos valores como la libertad, solidaridad, autonomía del niño y del joven. La literatura infantil española caminará por sendas bien diferentes durante la dictadura, hasta reencontrar a partir de los años 60/70 estas corrientes europeas.

En las primeras décadas de la dictadura las obras dedicadas a los niños están al servicio del adoctrinamiento político, con un orden claramente religioso y la exaltación de los valores históricos del pasado imperial de nuestro país. Es una producción mediocre, idealizada y nada crítica, con objetivos educativos. Algunos autores como Elena Fortún o Borita Casas, entre otros, que siguen publicando desde el exilio.

En los años 40 aparecen las publicaciones de Gloria Fuertes y Carmen Conde, como colaboradoras de revistas para niños. Los años 50 suponen cierta liberalización intelectual, con Mª Luisa Gefaell o Celia Viñas.

Como hemos dicho, en los años 70 se produce el reencuentro con las corrientes europeas. En 1962 desparece la prohibición de publicar en las lenguas no oficiales. También surgen una corriente liberalizadora y distintos movimientos de renovación pedagógica. Esto produce que crezca el número de publicaciones de literatura infantil, se crean nuevas revistas y editoriales, además hay una apertura a parte de la producción literaria exterior, se inicia la publicación de títulos ya clásicos de la literatura infantil universal. El desarrollo más significativo es el que sufre la literatura infantil catalana.

Este desarrollo seguirá durante los últimos años de la dictadura. Poco a poco el género va ganando reconocimiento, también los temas como su tratamiento se van actualizando. La literatura para niños en España, se abre a influencias externas y a nuevas situaciones; valga de ejemplo la concesión del Premio Lazarillo en 1974 a una obra renovadora que tiene como eje el humor y el absurdo.

Ya en el periodo democrático hasta los 90 se dan diversos cambios en España que condicionan los caminos por los que va la literatura infantil. Estos cambios fueron políticos: aprobación de la Constitución (las obras ya no se someten a las fuertes censuras de la dictadura), reconocimiento de otras lenguas (aumenta la publicación en gallego, vasco, catalán…), la democracia supone una apertura hacia el exterior y con ello a la entrada de nuevas corrientes y autores. También sociales: nuevos conocimientos de pedagogía y psicología que tienen un concepto distinto de infancia, también se da una renovación pedagódica que incluye un nuevo concepto de lectura (aparecen los libros solo de imágenes), la preocupación social por la lectura hace que se produzcan seminarios, premios, salas de lectura infantiles… en 1985 se inaugura el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil y en 1988 lo hace la revista “Cuidemos de la Literatura Infantil”, el aumento de libros y autores hace que también los ilustradores vayan ganando prestigio.

A partir de los 90 el boom que sufrió la literatura se va frenando poco  a poco. Algunos editores y lectores señalan que se ha producido un estancamiento en la creatividad y en la originalidad. Se ha producido también una bajada en el número de editoriales que se dedican al libro infantil, permaneciendo activas aquellas que tienen mayor apoyo escolar, la escolarización es un lastre para el libro, pero también garantiza su existencia, las necesidades culturales de los niños se han limitado a las escolares. La influencia de la TV y el marketing hace que muchos libros se vendan en pack junto con otros productos (juguetes, vídeos…), también ha aparecido el libro documental. El libro-juego (como por ejemplo la colección Elige tu propia aventura) tuvo a principios de los noventa un gran impulso. El libro como artilugio para buscar, desplegar, manipular, etc... y la creación literaria en CD-ROM constituyen algunas de las novedades más destacables de los noventa.


Se ha producido una sectorización de la producción, son más abundantes los libros para niños de 0 a 3 años y los de 13 y 17 años, lo que ha llevado al aumento del número de jóvenes escritores, ya que se cree que estos conectan mejor con el público.
Carmen López Pinós

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