Literatura Infantil en España
Casi todos los autores que más me suenan de literatura
infantil no son españoles, así que me propuse investigar un poco más sobre la
literatura infantil en España.
La literatura infantil en España ha ido evolucionando hasta
alcanzar un gran nivel, pero esta evolución ha estado marcada por distintos parones.
Es cierto que no tiene una tradición muy rica. Hasta hace relativamente poco no se ha configurado como una producción reconocida,
estable y sólida.
Ya a finales del siglo XIX se inició el verdadero proceso de
desarrollo de esta literatura. Destacan el Padre Coloma y Fernán Caballero,
junto a los cuentos y narraciones europeas. Al final de este siglo hay un
aumento de la sensibilidad burguesa, reflejo de ésta es la creación de editoriales
como Saturnino Calleja, que promueve publicaciones para la infancia. Las obras
responden, en esta época, a una concepción idealizada del mundo infantil, son
vistas bajo un prisma burgués y conservador y se amparan en los modelos
educativos decimonónicos, proliferando los prototipos virtuosos.
En el siglo XX empieza a haber más obras recreativas, no
solo instructivas, aunque la moral, la religión y la conducta social aparecen
en abundancia. Esta literatura es claramente diferente si va dirigida a niños o
a niñas. Algunos autores son Manuel Abril, Antonio Robles o Mª Teresa León.
Los años 20 se caracterizan por la aparición de obras
basadas en la realidad, los protagonistas son niños. Se van creando más
editoriales que publican este tipo de obras.
La Guerra Civil supone una ruptura en el desarrollo de esta
literatura, además la postguerra frustrará definitivamente las posibilidades
más innovadoras que ofrecían las creaciones dedicadas a la infancia y a la
juventud. Supondrá también el definitivo alejamiento de España del proceso de
desarrollo que seguirá el libro infantil y juvenil en Europa.
La literatura infantil en la postguerra española estará
marcada por: la ruptura con los valores emergentes, con las políticas
culturales y educativas; la exaltación de valores humanos y espirituales; el
exilio de muchos escritores; la censura, vigente de 1936 a 1978 y a
prohibición, hasta 1962, de publicar en cualquier lengua distinta de la
oficial.
A partir de 1945, con el final de la II Guerra Mundial, la
literatura infantil europea sufrirá un profundo cambio. Aparecen nuevos valores
como la libertad, solidaridad, autonomía del niño y del joven. La literatura
infantil española caminará por sendas bien diferentes durante la dictadura,
hasta reencontrar a partir de los años 60/70 estas corrientes europeas.
En las primeras décadas de la dictadura las obras dedicadas
a los niños están al servicio del adoctrinamiento político, con un orden
claramente religioso y la exaltación de los valores históricos del pasado
imperial de nuestro país. Es una producción mediocre, idealizada y nada
crítica, con objetivos educativos. Algunos autores como Elena Fortún o Borita
Casas, entre otros, que siguen publicando desde el exilio.
En los años 40 aparecen las publicaciones de Gloria Fuertes
y Carmen Conde, como colaboradoras de revistas para niños. Los años 50 suponen
cierta liberalización intelectual, con Mª Luisa Gefaell o Celia Viñas.
Como hemos dicho, en los años 70 se produce el reencuentro
con las corrientes europeas. En 1962 desparece la prohibición de publicar en
las lenguas no oficiales. También surgen una corriente liberalizadora y distintos
movimientos de renovación pedagógica. Esto produce que crezca el número de
publicaciones de literatura infantil, se crean nuevas revistas y editoriales,
además hay una apertura a parte de la producción literaria exterior, se inicia
la publicación de títulos ya clásicos de la literatura infantil universal. El
desarrollo más significativo es el que sufre la literatura infantil catalana.
Este desarrollo seguirá durante los últimos años de la
dictadura. Poco a poco el género va ganando reconocimiento, también los temas
como su tratamiento se van actualizando. La literatura para niños en España, se
abre a influencias externas y a nuevas situaciones; valga de ejemplo la
concesión del Premio Lazarillo en 1974 a una obra renovadora que tiene como eje
el humor y el absurdo.
Ya en el periodo democrático hasta los 90 se dan diversos
cambios en España que condicionan los caminos por los que va la literatura infantil.
Estos cambios fueron políticos: aprobación de la Constitución (las obras ya no
se someten a las fuertes censuras de la dictadura), reconocimiento de otras
lenguas (aumenta la publicación en gallego, vasco, catalán…), la democracia supone
una apertura hacia el exterior y con ello a la entrada de nuevas corrientes y
autores. También sociales: nuevos conocimientos de pedagogía y psicología que
tienen un concepto distinto de infancia, también se da una renovación
pedagódica que incluye un nuevo concepto de lectura (aparecen los libros solo
de imágenes), la preocupación social por la lectura hace que se produzcan
seminarios, premios, salas de lectura infantiles… en 1985 se inaugura el Centro
Internacional del Libro Infantil y Juvenil y en 1988 lo hace la revista “Cuidemos
de la Literatura Infantil”, el aumento de libros y autores hace que también los
ilustradores vayan ganando prestigio.
A partir de los 90 el boom que sufrió la literatura se va frenando
poco a poco. Algunos editores y lectores
señalan que se ha producido un estancamiento en la creatividad y en la
originalidad. Se ha producido también una bajada en el número de editoriales que
se dedican al libro infantil, permaneciendo activas aquellas que tienen mayor
apoyo escolar, la escolarización es un lastre para el libro, pero también
garantiza su existencia, las necesidades culturales de los niños se han
limitado a las escolares. La influencia de la TV y el marketing hace que muchos
libros se vendan en pack junto con otros productos (juguetes, vídeos…), también
ha aparecido el libro documental. El libro-juego (como por ejemplo la colección
Elige tu propia aventura) tuvo a principios de los noventa un gran impulso. El
libro como artilugio para buscar, desplegar, manipular, etc... y la creación
literaria en CD-ROM constituyen algunas de las novedades más destacables de los
noventa.
Se ha producido una sectorización de la producción, son más
abundantes los libros para niños de 0 a 3 años y los de 13 y 17 años, lo que ha
llevado al aumento del número de jóvenes escritores, ya que se cree que estos
conectan mejor con el público.
Carmen López Pinós